Inteligencia Emocional


El marco de trabajo más potente para educadores

Comprende habilidades fundamentales para afrontar la vida personal y laboral con éxito.

 

Si hablamos de Inteligencia Emocional estamos obligados a citar a Daniel Góleman. Este periodista y psicólogo, aprovechando los destacados trabajos de colegas como Howard Gardner (1983), Robert Sternberg (1982) o Salovey y Mayer (1990), fue capaz de convencer al mundo entero de que el éxito en la vida, depende en un 80% de factores emocionales y sólo en un 20% de factores puramente cognitivos.

 

Las emociones influyen más sobre el rendimiento que la simple posesión de una inteligencia clásica, de corte lógico-matemático.

  

 "La inteligencia tiene que ser, también, emocional"


Oferta en Vigo

Servicios que actualmente ofertamos en Vigo y su metrópoli.

 

Actividad extraescolar

Varios centros de nuestra ciudad ya disfrutan otro año más de nuestros talleres de Inteligencia Emocional donde desarrollamos las habilidades sociales y emocionales de los peques Vigueses.

 

Con el  objetivo de desarrollar estas habilidades tan importantes para éxito en la vida, contamos con un programa propio basado en el modelo de Mayer y Salovey, destacado por su enfoque hacia la mejora y su gran cantidad de publicaciones.

 

Un formato divertido y ameno impartido y programado por un equipo multidisciplinar de psicólogos, maestros y educadores que tan buen resultado a cosechado estos últimos años.

  

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Profesores y Monitores

Trabajar con niños es una labor estresante y compleja. Gestionar correctamente nuestras emociones es muy importante para un óptimo rendimiento, pudiendo frustrarnos y perder eficacia con facilidad.

 

A la hora de trabajar en grupo, las habilidades sociales son fundamentales para resolver los conflictos y negociaciones de una manera constructiva.

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Familias

Las generaciones anteriores a nuestros hijos no han podido disfrutar del aprendizaje social y emocional que está revolucionando la educación.

 

Por ello también ofrecemos talleres para que los padres a solas o en compañía de sus hijos, puedan desarrollar estas habilidades tan importantes, siempre bajo un enfoque lúdico.

 

Mejorar la comunicación en la familia y una mejor adaptación al entorno son solo unas de las muchas ventajas de trabajar estos conceptos a través de la inteligencia emocional.

 

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Actualidad

La inteligencia emocional, clave en el desarrollo de los niños

 

La educación emocional es un “elemento necesario” en la infancia porque puede “potenciar el conocimiento o entorpecerlo”, según Faros, el portal de salud del Hospital San Juan de Dios de Barcelona. Los niños que reciben este tipo de educación tienen más “salud y bienestar” y les dura más en el tiempo. Son, por tanto, más felices.

 

Según este portal, las emociones son la base de la mayoría de las decisiones que tomamos, dan ánimo para vivir y disponen de un lenguaje propio.

 

Los expertos recomiendan iniciar este tipo de educación en los niños a través del juego, al ofrecer “habilidades y capacidades nuevas”, además de que “motiva a aprender”.

 

Los expertos afirman que la inteligencia emocional es la manifestación de una serie de pasos en los que la regulación emocional es clave. Ésta es una habilidad que hay que entrenar porque permite controlar una emoción, tomar distancia de ella para, a la larga, establecer una jerarquía donde las “emociones positivas manden sobre las negativas”.

En este último paso entra en juego la educación emocional ya que necesita las “competencias emocionales” para desarrollarse debidamente: habilidad para el autocontrol, empatía o sociabilidad, entre otras.

 

CONOCIENDO NUESTRAS EMOCIONES

 

Inteligencia emocional: sentir y pensar

 

Joaquín Márquez, pastor y psicopedagogo, explica la relación entre el intelecto y las emociones, repasando ejemplos bíblicos y lo que las Escrituras nos pueden enseñar sobre ello. Una entrevista de Beatriz Garrido.

 

A pesar de que la educación emocional ha ganado terreno en los últimos años, padres, familias y educadores tienen dudas sobre cómo ponerlo en práctica. Para ello, los expertos del hospital infantil de Barcelona dan un paso previo y definen las emociones como una “respuesta física del organismo a un estímulo”, que se identifica como placer, dolor, peligro, miedo…

 

Según los expertos, las emociones están causadas por un hecho externo (una amenaza, por ejemplo) o por la conjunción de uno interno y otro externo (sentir hambre y no encontrar alimento). Pero se trata siempre de “respuestas neuronales inconscientes y naturales”, afirman.

 

A partir de este concepto, los expertos en salud infantil, definen la inteligencia emocional como la capacidad del cerebro humano para “racionalizar las emociones, ser conscientes de ellas y analizarlas”, todo lo contrario de lo que ocurre en especies animales. En el hombre las emociones dejan de ser “simples mecanismos orientados a la supervivencia”.

 

 

A fondo

CONCEPTUALIZACIÓN y MODELOS de INTELIGENCIA EMOCIONAL.

 

El concepto de inteligencia va ligado a la cultura y en occidente tradicionalmente se ha relacionado con competencias de índole cognitivo y metacognitivo, así como con otras habilidades de orden intelectual como las habilidades de insight, destacado en obras como la de Hernstein & Murray,  (1994). En la investigación sobre la inteligencia más que avanzar parece existir un pacto de tolerancia entre perspectivas alternativas. Así, algunos investigadores se muestran a favor de un punto de vista caracterizado por la medición de una única inteligencia general de carácter psicométrico (g), mientras otros investigadores aceptan la existencia de múltiples habilidades cognitivas (ver Roberts, Markham, Matthews, & Zeidner, 2005; Roberts, Schulze, Zeidner, & Matthews, 2005).

 

Gardner (1993), el que fuera el antecedente más inmediato de la I.E., hace un esfuerzo por plantear un enfoque del pensamiento humano más amplio desarrollando su teoría de las inteligencias múltiples, por la que establece que existen más capacidades o talentos, 9 tipos en total, de los que tradicionalmente se han tenido en cuenta.

 

  • KINESTÉSICA
  • CORPORAL
  • LINGÜÍSTICA MATEMÁTICA
  • LINGÜÍSTICA VERBAL
  • NATURALISTA MUSICAL
  • VISOESPACIAL
  • INTRAPERSONAL
  • INTERPRESONAL
  • EXISTENCIAL

 

Una de las propuestas más relevantes e influyentes de Gardner (1993) fue la inclusión de dos tipos de inteligencia en su modelo: la inteligencia intrapersonal y la inteligencia interpersonal.

 

Inteligencia intrapersonalEl conocimiento de los aspectos internos de una persona: el acceso a la propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones entre las emociones y finalmente ponerlas un nombre y recurrir a ellas como un medio de interpretar y orientar la propia conducta. (Gardner, 1993; p. 25).

 

Inteligencia interpersonalSe construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En formas más avanzadas, esta inteligencia permite a un adulto hábil leer las intenciones y deseos de los demás, incluso cuando han sido ocultados. (Gardner, 1993; p. 23).

 

Estos dos tipos de inteligencia son los que más se relacionan con la capacidad de las personas para adaptarse eficazmente a las diferentes situaciones que se presentan a lo largo del ciclo vital. Son inteligencias distintas y relativamente independientes. Esta perspectiva estaría en consonancia con las posturas adaptativas derivadas de los postulados de Darwin (1872), donde se defiende que el sistema emocional proporciona un sistema de señalización importante dentro y entre las especies, necesario para la supervivencia.  A esto se suma el debate subyacente sobre si la inteligencia general es el predictor principal del éxito en la vida o son otros los atributos que podrían tener más peso (Sternberg, 1993, 1996a, 1996b). En este caldo de cultivo surgió el término IE y las inteligencias intrapersonal e interpersonal son integradas en él.

 

La IE fue formalmente definida y evaluada en 1990 como “un tipo de inteligencia social que incluye la habilidad para supervisar y entender las emociones propias y las de los demás, discriminar entre ellas y usar dicha información para guiar nuestros pensamientos y comportamientos” (Salovey & Mayer 1990, p. 189). 

Desde este momento, se suceden diversas perspectivas, algunas de ellas carentes de adecuado rigor científico (Cooper & Sawaf, 1997; Shapiro, 1997). A pesar de ello, la IE ha ido cobrando mayor relevancia y diversas líneas de investigación rigurosas se han centrado en el estudio y desarrollo del concepto. En los últimos años, la IE se ha constatado como una inteligencia fidedigna (Mayer, Caruso  & Salovey, 1999) y es considerada un nuevo paradigma que muestra signos estables de madurez científica (Goleman, 2001).

 

Existe una convergente evidencia de la neurociencia y la ciencia cognitiva de que la IE puede ser una cualidad del sistema de control ejecutivo para la regulación emocional, apoyado por zonas del córtex frontal. Desde la perspectiva cognitiva la IE puede describirse como un sistema ejecutivo superior que hace adaptativa la selección de evaluación y procesamiento de rutinas orientadas a la acción (ver Matthews, Zeidner & Roberts, 2002). La idea es compatible con las teorías  actuales  que unen la IE con aspectos de autoregulación (Mayer, Salovey & Caruso, 2000a), o con el afrontamiento efectivo  (Bar-On, 2000; Salovey, Bedell, Detweiler, & Mayer, 1999). No obstante, la hipótesis ejecutiva enfrenta dificultades significativas. Como cualquier otro sistema cognitivo, éste está apoyado por múltiples componentes, y no está claro cuáles de los componentes son críticos.

Las habilidades integrantes del constructo IE son muy numerosas y diversificadas según los modelos teóricos  propuestos. En la literatura científica existen dos grandes modelos de IE: los modelos mixtos y los modelos de habilidad (ver Cobb & Mayer, 2000; Mayer et al., 2000a).

 

Modelos mixtos: se centran en la consideración de la IE como la combinación de dimensiones de personalidad (asertividad, extroversión, impulsividad, optimismo, motivación, felicidad, etc.) con habilidades emocionales (autorregulación emocional, autoconocimiento emocional, etc.).

 

Centrándose en perfiles de competencias para el éxito, más que en modelos explicativos, tienen una visión más amplia del concepto, lo que hace que  en ocasiones algunas variables (motivación o felicidad) no muestren correlación con la IE (Mayer & Cobb, 2000).

El Modelo de  Goleman, (1995, 1998a, 1998b, 2001;  Boyatzis, Goleman & Rhee, 2000) y el Modelo de Bar-On, (1997, 2000) se incluyen dentro de esta categoría de modelos mixtos. Estos modelos no parecen representar una nueva concepción del funcionamiento emocional por sí mismos, ni relacionar específicamente los conceptos de emoción e inteligencia (Matthews, Roberts  & Zeidner, 2004).

 

A este respecto resaltamos la reflexión realizada por Fernández-Berrocal y Extremera (2002):

 

“La inteligencia emocional, como habilidad, no se puede entender como un rasgo de personalidad o parte del “carácter” de una persona. Observemos a un individuo que tiene como característica de su personalidad ser extravertido, ¿podremos pronosticar el grado de inteligencia emocional personal o interpersonal que posee? Realmente, no podremos pronosticarlo. Otra cosa es que exista cierta interacción entre la IE y la personalidad, al igual que existe con la inteligencia abstracta: ¿utilizará y desarrollará igual una persona su inteligencia emocional con un CI alto o bajo? En este sentido, las personas con cierto tipo de personalidad desarrollarán con más o menos facilidad, con mayor o menor rapidez, sus habilidades emocionales. Al fin y al cabo, la persona no es la suma de sus partes, sino una fusión que convive –milagrosamente- de forma integrada”.

 

Modelo de habilidad o del procesamiento emocional de información: menos conocido a nivel divulgativo  pero de gran apoyo empírico en las revistas especializadas, se centra de forma exclusiva en el procesamiento emocional de la información y en el estudio de las capacidades relacionadas con dicho procesamiento. Se refieren a la IE como el conjunto de habilidades que permiten el uso adaptativo de las emociones, es decir, percibir, comprender y regular nuestros estados afectivos y utilizar la información emocional para mejorar los procesos cognitivos. Desde esta perspectiva se enfatiza la importancia de este conjunto de habilidades de carácter cognitivo para una adaptación adecuada al medio, una aproximación muy similar a las definiciones de la inteligencia clásica (Sternberg  & Kauffman, 1998).  El Modelo de Habilidades de  Mayer  y  Salovey (1997) se encuadra dentro de este modelo.

 

A continuación nos centraremos en  los principales modelos  teóricos de IE que han recibido el suficiente apoyo empírico, aunque sean diferentes en sus planteamientos, en sus componentes y en sus medidas de evaluación: el Modelo de Mayer y Salovey (1997), el Modelo de Bar-On (1997, 2000) y  el Modelo de Goleman (Boyatzis et al., 2000).

 

1. Modelo de Habilidades de Salovey y Mayer (1990).

 

En  su modelo inicial, Salovey y Mayer (1990) desarrollaron cada una de las dimensiones de la IE basándose en diferentes trabajos dentro del campo de estudio de las emociones más que en el de la inteligencia o de los procesos cognitivos.

Posteriormente  en la reformulación de este modelo inicial  (Mayer  & Salovey, 1997)  se dio un mayor énfasis a los aspectos cognitivos, describiendo la IE como la habilidad para percibir, valorar y expresar la emoción adecuadamente y adaptativamente; la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten  el pensamiento; la habilidad para  entender las emociones y la cognición emocional; y la habilidad para regular las emociones  para promover el crecimiento intelectual y emocional (Mayer  & Salovey, 1997), presentando un enfoque más parecido a los del procesamiento de la información (Mayer  & Salovey, 1997; Mayer, Salovey  & Caruso ,2002,  2000a, 2000b ; Salovey  & Grewlar, 2006). 

El nuevo modelo está constituido por cuatro dominios de aptitudes relacionadas o cuatro componentes: a) la capacidad para percibir  y expresar  las emociones de forma precisa; b) la capacidad para encauzar las emociones de  modo que faciliten el pensamiento y el razonamiento; c) la capacidad para comprender las emociones, especialmente el lenguaje de las emociones; y d) la capacidad para controlar las propias emociones y las de los demás. Las diferencias de los individuos entre las capacidades mencionadas repercutirán en última instancia en el hogar, la escuela, el trabajo y las relaciones personales.

 

A continuación se describe más exhaustivamente cada uno de sus componentes (Grewal & Salovey, 2005; Mayer, Caruso & Salovey, 2000; Salovey  & Grewal, 2006; Mayer & Salovey, 1997; Salovey, Mayer  & Caruso, 2002), 

 

a) Percepción y expresión de las emociones:

 

Incluiría la habilidad de identificar emociones en uno mismo, con sus correspondientes correlatos físicos y cognitivos, como también en otros individuos, junto con la capacidad de expresar emociones en el lugar y modo adecuado. Sería la primera habilidad a desarrollar para poder adquirir el resto de competencias que integran la IE. El registro, la atención y la identificación de los mensajes emocionales, incluye las capacidades involucradas en la identificación de las emociones en las caras, las voces, las fotografías, la música y otros estímulos. Así las personas que son más precisas en percibir y responder a sus propias emociones, también pueden serlo con las emociones de otros, lo que les llevaría a percibir, comprender y empatizar con las emociones de los demás de un modo preciso.

 

b)  Facilitación emocional del pensamiento (uso inteligente de las emociones):

 

Remite a la capacidad de aprovechar la información emocional para facilitar otros procesos cognitivos, como la resolución de problemas, el razonamiento, la toma de decisiones y la ejecución o el desempeño creativo.  Las emociones dirigen nuestra atención a la información relevante, determinando tanto la manera en que procesamos la información como la forma de enfrentarnos a los problemas, y ciertos estados emocionales pueden crear condiciones mentales que sean favorables para el desarrollo de determinadas tareas. En definitiva es la capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento.

 

 

En un estudio realizado por Isen (1999),  se observó cómo la inducción de un estado de humor positivo (mediante el visionado de vídeos cómicos), frente a un estado neutro, ayudaba a las personas a encontrar soluciones más creativas ante los problemas. Ello explicaría también qué es lo que hace que las personas que presentan estados de ánimo cambiantes sean, no obstante, más creativas que aquéllas que presentan estados estables (Gottman, 2001).

 

c) Comprensión emocional:

 

Hace referencia al conocimiento del sistema emocional, es decir, cómo se procesa la emoción, y cómo afecta el empleo de la información emocional, a los procesos de comprensión y razonamiento. Designa la capacidad de etiquetar las emociones  poniéndoles un nombre,  la comprensión del significado emocional no sólo en emociones sencillas sino también en otras más complejas, reconociendo las relaciones establecidas entre los distintos estados afectivos y la evolución de unos estados emocionales a otros. Una persona dotada para comprender las emociones podría gozar de la capacidad para percibir diferencias entre emociones emparentadas: entre la alegría y el enorgullecimiento, reconocer que la irritación desatendida puede llevar a la furia, o que la envidia a menudo es experimentada en contextos que también evocan celos. De hecho, se ha demostrado de modo experimental que la facultad para diferenciar los estados emocionales de uno mismo tiene importantes implicaciones en el bienestar (Barret, Gross, Conner, & Benvenuto, 2001b). Las personas emocionalmente inteligentes saben reconocer aquellos términos empleados para describir emociones que pertenecen a una familia definida y aquellos grupos de términos que designan un conjunto confuso de  emociones (Salovey, 2001).  La persona que es capaz de comprender las emociones, su significado, cómo se entrelazan, cómo cambian en el tiempo… está realmente dotado para comprender importantes aspectos de la naturaleza humana y las relaciones interpersonales.

 

d) Manejo de las emociones:

 

Hace referencia a la capacidad de estar abierto tanto a estados emocionales positivos como negativos o apertura a los sentimientos,  de reflexionar sobre los mismos para determinar si la información que los acompaña es útil sin reprimirla ni exagerarla, así como  de regular nuestras propias emociones y las de otros.

 

Constituye quizás el carácter asociado con mayor frecuencia a la definición de inteligencia emocional, como consecuencia de la presión de la sociedad actual sobre la idoneidad de la regulación de nuestras emociones. Se espera que la IE nos permita librarnos de las emociones molestas  en las relaciones interpersonales  o filtrarlas con la esperanza de encontrar una forma de controlarlas. Aunque es una posibilidad que esto ocurra,  la regulación emocional  no debe ser entendida como el intento de eliminar la emoción completamente, puesto que podría ahogar la IE.

 

Igualmente, la regulación de las emociones en otras personas es menos probable que concierna a la supresión de las emociones y estará más relacionado  con redirigirlas o encauzarlas. Los estudios han demostrado que las personas dotadas de capacidad para regular sus emociones no reprimen necesariamente las emociones negativas o su expresión. Así en un estudio realizado por Gross  (Gross & Levenson,  1995; Gross,  1998)  se  comprobó el resultado de seguir deliberadamente dos estrategias ante situaciones desagradables: permanecer objetivo y poco implicado emocionalmente “situación de  evaluación”; y  esconder las emociones limitando las expresiones faciales “situación de represión”; frente al grupo control “situación de visionado” que era libre en la demostración de expresiones. El grupo de “evaluación” y “visionado” obtuvieron reacciones fisiológicas equiparables, mientras que el grupo “represión” consiguió controlar la expresión facial, pero tuvo respuestas fisiológicas insólitamente elevadas. Resultados que se corroboraban en otros estudios, demostrando los aspectos beneficiosos de la expresión emocional adecuada. Así  Pennebaker (1989, 1993, 1997)  comprobó cómo la expresión emocional extensa a través de la escritura  resultó ser beneficiosa para la salud física y mental.

 

Los individuos utilizan un amplio rango de técnicas para regular las emociones. En general los métodos de regulación emocional más exitosos son aquellos en relación con el gasto de energía; técnicas de manejo del humor activas, que combinan la relajación, la dirección del estrés, los esfuerzos cognitivos (reevaluación cognitiva) y el ejercicio. 

Las distracciones placenteras (recados, hobbies, actividades divertidas, compras, lectura y escritura…) también son efectivas. Menos efectivas y productivas son las estrategias pasivas de regulación del humor (ver la televisión, dormir, comer, la cafeína), las de reducción directa (drogas, alcohol y sexo) y pasar tiempo a solas o evitar a la persona o cosa que causa el mal humor (Fernández-Berrocal  & Extremera, 2003a).

 

Percepción y Expresión Emocional:

- Identificación de las emociones en los estados subjetivos propios.

- Identificación de las emociones en otras personas.

- Precisión en la expresión de las emociones.

- Discriminar entre sentimientos y entre las expresiones sinceras y no sinceras de los mismos.

 

Facilitación Emocional del Pensamiento:

- Redirección y priorización del pensamiento basado en los sentimientos.

- Uso de las emociones para facilitar el juicio (toma de decisiones)

- Capitalización de los sentimientos para tomar ventaja de las perspectivas que ofrecen.

- Uso de los estados emocionales para facilitar la solución de problemas y la creatividad.

 

Comprensión Emocional:

- Comprensión de cómo se relacionan diferentes emociones.

- Comprensión de las causas y las consecuencias de varias emociones.

- Interpretación de sentimientos complejos, tales como combinación de estados mezclados y estados contradictorios.

- Comprensión de las transiciones entre emociones.

 

Regulación Emocional:

- Apertura a sentimientos tanto placenteros como desagradables.

- Conducción y expresión de emociones.

- Implicación o desvinculación de los estados emocionales.

- Dirección de las emociones propias.

- Dirección de las emociones en otras personas.

 

Estos cuatro componentes que hemos  señalado: 1) Percepción y expresión emocional, 2) Facilitación emocional del pensamiento, 3) Comprensión emocional y 4) Regulación Emocional están enlazados de modo que sin  el adecuado desarrollo de alguno de ellos no sería posible desarrollar el resto. Si somos incapaces de identificar nuestras emociones, ¿cómo podremos regularlas? Así en un estudio realizado por Barret y Gross (2001a), se comprobó cómo los participantes que discriminaban qué sentimiento negativo experimentaban cada día emplearon más estrategias para controlar sus emociones. De ello se infiere que la capacidad para distinguir y calificar las emociones representa una destreza importante en el aprendizaje de cómo gestionar de forma eficiente las emociones.

 

Como vemos la IE, según el modelo de habilidad de Salovey y Mayer (1 990), se puede utilizar sobre uno mismo (inteligencia intrapersonal) o sobre los demás (inteligencia interpersonal), lo que nos recuerda el planteamiento de  Gardner (1993) en su distinción entre la inteligencia intrapersonal e interpersonal. Por otra parte, los aspectos personal e interpersonal también son bastante independientes y no tienen que darse de forma encadenada. Puede haber personas muy habilidosas para la comprensión de sus propias emociones per o con grandes dificultades a la hora de empatizar con los demás.

 

En un sentido amplio, la IE comprende el conocimiento tácito sobre el funcionamiento de las emociones, así como la habilidad para usar este conocimiento en nuestra propia vida (Salovey & Pizarro, 2003).

 

2. Modelo de Reuven Bar-On (1997).

 

El modelo de Reuven Bar-On (1997) surgió como respuesta a la pregunta de: ¿Por qué algunos individuos son más capaces de tener éxito en la vida  que otros? Bar-On hizo una revisión sobre las características de personalidad que parecían relacionarse con el éxito en la vida, e identificó cinco áreas de funcionamiento relevantes para el éxito:

a) Inteligencia intrapersonal, b) Inteligencia interpersonal, c) Adaptación, d) Gestión del estrés y e) Humor general

A pesar de la amplitud de su modelo, Bar-On (1997) es relativamente cauteloso.

 

Aunque su modelo predice el éxito, este éxito sería el producto final del esfuerzo para alcanzar los logros. De hecho, su instrumento de evaluación, el  Emotional Quotient Inventory (EQ-i), lo relaciona con el potencial de éxito más que el éxito en sí mismo.

 

Posteriormente,  Bar-On  (2000) redefine su modelo como  un modelo comprehensivo y una medida de la inteligencia social y emocional. La inteligencia social y emocional es una serie multifactorial de habilidades emocionales, personales y sociales interrelacionadas que influyen en nuestra habilidad emocional global de una forma activa y eficaz para cubrir las demandas y presiones diarias (Bar-On, 2000, p.385)

Bar-On considera que la IE tiene diez factores clave y los cinco restantes actuarían transversalmente potenciando los diez primeros:

 

1. Autoconsideración: apreciación exacta de uno mismo o también llamada autoestima.

2. Conocimiento emocional de sí mismo: la habilidad para entender y ser consciente de la emoción de uno mismo o también llamada autoconciencia emocional.

3. Asertividad: habilidad de expresar nuestras emociones.

4. Empatía: habilidad de ser consciente y entender las emociones de otros.

5. Relaciones interpersonales: habilidad para formar y mantener relaciones íntimas.

6. Tolerancia al estrés: habilidad para manejar las emociones.

7. Control de los impulsos: autodominio.

8. Testar fiablemente: habilidad para validar el pensamiento y el sentimiento de uno mismo o también llamada comprobación de la realidad.

9. Flexibilidad: habilidad de cambiar.

10. Resolución de problemas: habilidad para resolver, de naturaleza personal y social, eficazmente y constructivamente.

11. Optimismo: mantener una actitud positiva, incluso ante la adversidad.

12. Autoactualización: habilidad de ser consciente del propio potencial y  hacer lo que uno quiere hacer, disfrutar haciéndolo y poder hacerlo.

13. Felicidad: habilidad de sentirse satisfecho con la propia vida, saber disfrutar con uno mismo y con los demás, para divertirse y expresar emociones positivas.

14. Independencia: habilidad de autodirigir y autocontrolar los propios pensamientos y actuaciones y estar libre de dependencias emocionales.

15. Responsabilidad social: habilidad de mostrarse como un miembro de un grupo social cooperativo, contributivo y constructivo.

 

Estos factores correlacionan de manera positiva con la IE y la inteligencia social, además tienden a facilitar la habilidad global de esta medida para cubrir eficazmente las demandas y presiones diarias (Mestre & Guil, 2003).

Como podemos ver el modelo teórico de Bar-On combina lo que se puede calificar como habilidades emocionales (autorregulación, autoconocimiento emocional) con otras características distintas a éstas, como la independencia personal o el humor general que podrían considerarse factores de personalidad, lo que conduce a incluirlo dentro de los modelos mixtos (Mayer, Salovey & Caruso, 2000a, 2000b).

Recientemente,  Bar-On (2006) ha considerado a la inteligencia socio-emocional como “la interrelación de  competencias sociales y  emocionales  que  determinan el modo efectivo en el que nos comprendemos a nosotros mismos y nos expresamos, cómo entendemos a otros, cómo nos relacionamos con ellos y cómo afrontamos las demandas del día a día”. El acento en factores no cognitivos sigue siendo patente en sus formulaciones y su objetivo sigue siendo el mismo, encontrar los componentes o factores clave del funcionamiento socio-emocional que permiten al individuo un mejor bienestar psicológico.

 

3. Modelo de Daniel Goleman (2000).

 

Goleman (1995) en su modelo original partió de la perspectiva de Salovey y Mayer (1990) e incluyó términos propios de otras áreas de la Psicología (Personalidad, Social o Básica), dejando atrás una perspectiva exclusivamente cognitiva. Su visión del concepto de IE es más general,  llegando a afirmar, que el viejo concepto denominado “carácter” integra todas las habilidades que representan la IE, implicando competencias o habilidades  cognitivas junto a atributos de personalidad. De este modo se encuadra dentro de los modelos denominados mixtos.

Goleman definió un  modelo basado en competencias personales y sociales, rehusando utilizar el término de IE y denominando su propuesta como un modelo de competencias emocionales.

 

Las competencias personales incluyen:

 

a) El conocimiento de las propias emociones: es decir, el conocimiento de uno mismo, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la IE.

 

b) La capacidad para controlar las emociones: habilidad básica que nos permite controlar nuestros sentimientos y adecuarlos al momento.

 

c) La capacidad de motivarse  a sí mismo: esta habilidad ayuda a aumentar la competencia no sólo social sino también la sensación de eficacia en las tareas que se acometen.

 

Las competencias sociales incluyen:

 

d) El  reconocimiento de las emociones ajenas: la empatía, es decir, la  capacidad para poder sintonizar con las señales sociales sutiles  que indican qué necesitan o qué quieren los demás.

 

e) El control de las relaciones: es un habilidad que presupone relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas.

 

El modelo de Goleman (1998b) se amplió posteriormente  añadiendo más de una veintena de características a estas cinco áreas principales señaladas en el modelo original. Este modelo fue adaptado para predecir el éxito personal en el ámbito laboral y en el de las organizaciones,  y sus características fueron identificadas como las  propias de los empleados más brillantes y con más éxito en las organizaciones  (Goleman, 2001).  Sin embargo, según él, con seis competencias que posea una persona bastaría para ser eficaz en su entorno.

 

En su modelo más reciente Boyatzis, Goleman y Rhee (2000), además de seguir sustentándose en la teoría de Salovey y Mayer (1990), recogen e integran aportaciones de la Sociobiología (Wilson, 1974);  de  los trabajos sobre inteligencia de Sternberg (1988, 1990, 1994, 1996a, 1996b ); del manejo del sentimiento de culpa y las obsesiones de Tice y Bausmeister (1993);  del optimismo de Seligman (1990),  de  la creatividad y del “flujo creativo” de Csikszentmihalyi y Csikszentmihalyi (1988) o  de  las aportaciones de Le Doux  (1989, 1993, 1996) sobre el papel que tiene la amígdala en el control de las emociones, entre otros (ver Mestre, Palmero  & Guil, 2004). Este modelo presenta cuatro dimensiones principales subdivididas en veinte competencias .Cada una de  estas dimensiones es la base para el desarrollo de posteriores competencias emocionales  relacionadas con el éxito en las organizaciones (Goleman, 2001).

Goleman (1995; 1998a; 1 998b) ha proclamado la validez predictiva de su modelo mixto y sitúa a la IE como responsable del éxito en el hogar, en la escuela y en el trabajo, en un porcentaje que debería superar al éxito determinado por el  cociente intelectual (CI). Sin embargo todavía queda una larga trayectoria de investigación para contrastar las predicciones de este modelo.

 

Salovey et al. (2001) han destacado las deficiencias e incompatibilidades que este modelo presenta con el suyo propio sobre el procesamiento cognitivo de la información emocional.

 

Por último señalar que las propuestas de Goleman han tenido especial repercusión dentro del campo de la Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, sin embargo, no se le puede considerar un modelo explicativo como tal (Mestre, Guil, Carreras & Braza, 2000).

 

Tesis Doctoral Mª Trinidad Sánchez Núñez, Albacete Junio 2007

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