Los chicos no lloran

 

Así ironizaba Miguel Bosé en su famosa canción, continuando con "tienen que pelear". Es de sobra conocida la creencia que todavía persiste en algunas personas de que no se debe llorar. "No seas nenaza", entre otras lindezas, es una frase típica que se le decía al niño que lloraba.

 

¿Llorar es bueno o malo?

 

Revisando artículos, aplicando el sentido común y la propia experiencia me doy cuenta de la osada barbaridad que significa forzar a una persona a reprimir la explosión emocional que significa llorar y además hacerlo de una forma tan poco constructiva.

 

"William H. Frey II, un bioquímico en la Universidad de Minnesota, propuso que la gente se siente mejor después de llorar debido a la eliminación de hormonas asociadas con el estrés, en particular la hormona adrenocorticotropa. Esto, junto con una secreción de moco aumentada durante el llanto, puede dirigir a una teoría de que el llanto es un mecanismo desarrollado en los humanos para disponer de esta hormona cuando sus niveles son demasiado altos."

 

Cuando hablamos de llorar o no llorar podemos enmarcar este proceso como regulación emocional, el bloque más complejo de la Inteligencia Emocional (Mayer y Salovey). Uno de los principios fundamentales de esta moderna corriente afirma que gestionar las emociones no significa "ahogarlas" sino validarlas y canalizarlas de la mejor manera. Reprimir el llanto sería como afrontar una crecida de un río poniendo una barrera sin más, sin importarnos otras opciones como buscar la manera de canalizar el volumen sobrante. Analizar el proceso, entenderlo y buscar elementos que mejoren dicha gestión es lo más recomendable y aceptado en la actualidad.

 

Un ejemplo de "ahogo" de las emociones lo podemos encontrar gestionando la tristeza. Cuando una persona está triste, el simple hecho de comunicar sus sentimientos sirve como descarga y ayuda a estructurar y entender la situación en nuestro cerebro. Si a través de la represión de las emociones nos saltamos la expresión de las mismas, ya sea física o verbalmente, estaremos prescindiendo de una herramienta que se ha demostrado útil tanto en contextos cotidianos como terapéuticos.

 

¿Los chicos no lloran pero las chicas si?

 

Una cualidad tan deseable en las personas como es la expresión emocional o la empatía se vuelve un defecto por el estereotipo de un pasado no demasiado lejano. El macho ibérico, hombre rudo que no muestra sus debilidades para no parecer vulnerable.

 

Las personas empáticas y sensibles, si no se les castiga por ello, tienen la virtud de conectar con los demás, entenderlos y ello los vuelve socialmente atractivas.

 

Afortunadamente la sociedad sigue avanzando y cada día más se premia como se merece a las personas sensibles sin que de ello dependa de su sexo. Ser sensible no es algo que se elija, depende mayormente del temperamento que tenga la persona y sentirse comprendido es fundamental para una sana autoestima.

 

Daniel Goleman fue capaz de convencer al mundo entero de que el éxito en la vida depende en un 20% del famoso C.I. (Coeficiente Intelectual, puntuación obtenida en el WAIS) y un restante 80% de factores sociales y emocionales. Una sana regulación emocional o desarrollar la empatía para sustentar unas buenas habilidades sociales son fundamentales para conseguir nuestro objetivos vitales.



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