Padres y emociones: 5 + 1 Errores comunes

 

1. Condicionar el amor a su comportamiento


El amor debe ser incondicional. Un entorno seguro, sin miedo, es trasmitido si el amor que sentimos por ellos no está condicionado a su comportamiento. Para modificar comportamientos es más sano utilizar consecuencias encaminadas a responsabilidad y no motivadas por el miedo a no ser queridos. No se recomienda en chantaje emocional.

 

Ejemplo: Pablo tira el bocadillo al suelo intencionadamente.

 

Habitual: ¡Así no te quiero!


Recomendado: Has tirado el bocadillo al suelo con el trabajo que me ha costado hacerlo. Se tiran los juguetes, la comida no. Recógelo y tíralo a la basura que vamos a hacer otro.

 

 

2. Pretender un autocontrol propio de adultos


Los niños, como tal, están en una etapa evolutiva diferente a la nuestra. Las emociones como la Ira son muy molestas para los adultos y es habitual invertir esfuerzos en cambiar dichas reacciones. Este proceso de enseñar autocontrol frustra tanto a padres como a hijos afectando a la autoestima de estos últimos y al bienestar familiar. Es importante afrontar este aprendizaje sabiendo que los objetivos son mantener una sana autoestima, tener expectativas positivas y responsabilizar de sus actos intentando mantener la calma en todo el proceso.

 

Ejemplo:  Juan tira el plato al suelo después de enfadarse porque no le gusta la comida.

 

Habitual: ¡Castigado por tirar el plato!

 

 

Recomendado: Cuando estés más calmado recoges el plato, limpias lo que has manchado y te vuelves a servir otra cosa.

 

Esperanza

3. Expectativas negativas

 

Los niños malos no existen, existen comportamientos más o menos adecuados que hay que modificar y si no somos capaces existen especialistas que nos pueden ayudar. La peor condena que se le puede imponer a un niño es la etiqueta de malo, de la cual, si nadie le ayuda a quitársela, no tendrá más remedio que creérsela.  Un primer paso es hablar de conductas inaceptables, no de personalidad A o B. Estas expectativas negativas influyen directamente en su autoestima y miedos.

 

Ejemplo: Luis molesta continuamente a sus compañeros rompiendo cosas y pegando.

 

Habitual: ¡Eres malo!

 

Recomendable: Has roto el dibujo de José y ahora está muy triste. Sabes que estar triste no es agradable. ¿Qué puedes hacer para compensar lo que has causado?

 

 

4. Todo son peligros

 

Como padres tenemos un instinto protector que nos obliga a evitar que nuestros hijos se expongan a los peligros. Cuando protegemos en exceso a nuestro hijo influimos en varios aspectos:


- Aprendizaje limitado: Nadie aprende por consejos y los niños no son una excepción.
- Fomentar miedos: Experimentar con éxito es una garantía de repetir. No experimentar, con el tiempo, genera miedo a lo desconocido.
- Baja autoestima: El miedo a la experimentación genera dependencia insana en el sentido de que no sienten la capacidad de que si se proponen algo por si solos, pueden llegar a conseguirlo.

 

 

5. Pensar y actuar siempre por ellos

 


La capacidad de elección de un niño puede ser un quebradero de cabeza por lo que hay ciertos aspectos (comida o ropa) en los que es mejor decidir por ellos hasta que son bastante autónomos. En cambio, en otros (juegos, dibujos o películas) es una buena manera de que ganen seguridad en ellos mismos. Por otro lado la autonomía es fundamental para su autoestima. Bien o mal, que hagan lo que puedan solos (ducharse, comer, vestirse o juagar) les va a dar la sensación de valía y eficacia que se plasma en una sana autoestima.

 

emociones

+ 1. No educar en emociones


Si nadie le explica a los niños qué son las emociones, tendrán que aprenderlo por ellos mismos, lo cual no es malo pero si costoso y lento. Las emociones básicas que más influyen en el pequeño son la Alegría, Tristeza, Miedo e Ira. Comprender qué son y de qué manera influyen en las persona, les ayudará en su proceso de comprenderse a sí mismos (Autoconocimiento) y a los demás (Empatía).  Proporcionaremos un entorno comprensible en el que es más sencillo encontrar soluciones eficaces.

 

Ejemplo 1: María no quiere subir al tobogán.

 

Habitual: ¡Eres una miedica!

 

Recomendado: Lo que te sucede ahora se llama miedo. Tienes miedo a subir al tobogán porque nunca lo has hecho. A mí también me da miedo…

 

Ejemplo 2: Daniel no para de jugar y correr.

 

Habitual: ¡Daniel para quieto de una vez, hoy no hay quien te aguante!

 

 

Recomendado: Daniel ven aquí. Me gusta que estés tan contento y lleno de vitalidad. Lo que sucede es que papá está cansado de trabajar y aquí no se puede hacer ruido. ¿Me harías el favor de no correr? Puedes andar rápido si quiere pero correr y gritar no.

 

Daniel Novoa

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