Autoestima y autonomía en la educación

 

¿Qué queremos decir cuando nos referimos a autonomía y autoestima?

 

Cuando hablamos de autonomía nos referimos a acciones concretas como comer, ducharse, pedir en el bar, recoger, vestirse o limpiar (si, limpiar, conozco niños que les encanta ayudar a su madre en las tareas domésticas).

 

No nos referimos a distanciamiento emocional o afectivo. En ese sentido la cercanía es conveniente que sea incondicional. No importa si estudia o se porta mal, para eso están las consecuencias (cercanas, firmes y consensuadas). El apoyo emocional y trasmitir amor y aceptación tienen que estar siempre presentes (bueno, todos tenemos derecho a enfadarnos un rato).

 

Cuando hablamos de autoestima el terreno se vuelve un poco más engorroso. Una visión superficial con el objetivo de aclarar más que confundir sería: un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos. En resumen, es la percepción evaluativa de nosotros mismos (por ejemplo, bueno o malo, capaz o incapaz).

 

Este sentimiento de capacidad o incapacidad nos condiciona a la hora de afrontar situaciones y es determinante en situaciones nuevas.

 

¿Cuál es el objetivo de educar?

 

En la naturaleza encontramos que las diferentes especies permanecen con sus progenitores durante un periodo concreto para después, de una forma más o menos exitosa, valerse por sí solos gracias a lo que han aprendido. Después repiten el proceso con sus crías. Este aprendizaje natural se complica en nuestra especie.

 

La labor de un educador pasa por facilitarle los primeros meses de vida al bebé, ya que por sí solo sería imposible que sobreviviese. Con el paso del tiempo el menor comienza a desarrollar una serie de destrezas y habilidades que lo capacitan para ir haciendo cada vez más cosas. Es en este periodo donde la actitud de los educadores es determinante.

 

Para un niño, el que sus educadores lleven el proceso de forma irresponsable puede tener consecuencias desastrosas, entre otros aspectos, en su autoestima. Un ejemplo de falta de seguridad o confianza lo podemos observar ante una nueva situación, pudiendo sentirse seguro y capaz o pensando que las probabilidades de fracasar son tan grandes que no merece la pena.

 

La forma más útil de que un niño sepa que si lo intenta lo puede conseguir es a través de experiencias en las que se sienta capaz y autosuficiente. Aprende que si quiere (y se esfuerza), puede.

 

Poner ejemplos extremos nos ayudará a entender las consecuencias de una otra actitud:

 

Por un lado podemos hacerle todo. Si eso es así, de forma indirecta, le estamos trasmitiendo a la persona que no es capaz, no confiamos en sus capacidades. Si nos vamos al extremo del extremo, podemos escuchar en algún parque algo así como eres un inútil o déjame a mí que estas poniendo todo perdido.

 

Los niños tienen que aprender al ritmo que pueden y es nuestra labor, como adultos responsables, adaptarnos a ellos.

 

Por el otro podemos no hacerle nada y que se busque la vida. En el peor de los casos podemos trasmitir despreocupación y falta de interés. En el mejor, dejar al niño experimentar puede ser muy didáctico y divertido para el pero el papel supervisor riesgo viene y riesgo va, no suele ser muy agradable. Además es más fácil que rompa cosas, se ensucie o tenga accidentes de todo tipo.

 

 

 

¿Cómo contribuir a una sana autoestima fomentando la autonomía?

 

El siempre sano equilibrio: jugar a que lo haga el, y yo le ayudo si lo necesita.

 

Dos conceptos fundamentales para generar una sana autoestima son trasmitir que sí que puedes solo y que es normal que al principio necesites ayuda. Aquí estoy para lo que necesites.

 

Un ejemplo: aprender a vestirse solo.

 

Estamos todos de acuerdo en que un niño puede tardar mucho en vestirse solo o hacerlo una manera poca adulta. Normal, es un niño, está aprendiendo.

 

Al principio no sabrá ni cómo hacerlo y nuestra paciencia jugará un papel fundamental. Poco a poco y bajo nuestra supervisión y aportaciones en positivo lo irá haciendo mejor, hasta que un buen día ya no hagamos falta. Nos hemos quitado una tarea del medio y nuestro pequeño se siente muy bien.

 

 

Un factor determinante es presentarlo como un juego. Parece que ya nos olvidamos pero a las personas nos encanta jugar. Presentar el vestirse con un interesante reto de niño mayor o el juego de meter la mano por aquí y el pie por allá, puede hacer de este aprendizaje un momento divertido (no debería ser una instrucción militar por su baja eficacia y consecuencias emocionales).

 

Aprender jugando a ser autosuficiente es una opción con muchas connotaciones positivas: reduce el estrés, agiliza el aprendizaje, mejora la relación familiar y aumenta la autoestima del pequeño entre otras muchas cosas.

 

Como conclusión decir que es determinante que un niño haga solo o con ayuda la mayor cantidad de cosas posibles, presentar esto como un juego y trasmitir afecto incondicional independientemente de las consecuencias acordadas.

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Adela Wynter (jueves, 02 febrero 2017 15:31)


    What a material of un-ambiguity and preserveness of precious experience about unpredicted feelings.

  • #2

    Woodrow Kriner (domingo, 05 febrero 2017 03:13)


    Thanks for sharing your thoughts. I really appreciate your efforts and I am waiting for your further write ups thank you once again.

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