Responsables de la Educación

  

Responsabilidad inicial y diaria.

Los responsables de la educación de un menor pueden ser muchos pero para simplificar diremos que hay principalmente dos: padres y profesores. Encontramos dos opciones a la hora de valorar la responsabilidad, inicial y diaria.

 

La responsabilidad inicial es sencilla, una persona decide hacerse cargo de la educación de un menor cuando toma la decisión de tener un hijo, responsabilizarse de él a través de la adopción o decidiendo ser un profesional de la educación. Por tanto no hay que olvidar que los educadores han adquirido un compromiso al tomar las citadas decisiones.

 

La responsabilidad diaria, fuera de debates morales, la encontramos mayormente en padres o tutores legales por varias razones:

  • Toman las decisiones más importantes para el menor.
  • Son el referente más importante.
  • Responsables de la seguridad y el afecto.
  • Inicialmente son los que pasan más tiempo con él.

 

Conforme el niño avanza en el sistema educativo, los profesores tienen mayor protagonismo, principalmente por que pasan más tiempo con él que muchos padres.

 

En esta responsabilidad exclusiva de padres pasa a ser compartida cuando el pequeño entra en el sistema educativo. Es un reparto "injusto" por:

  • El pequeño trae hábitos adquiridos
  • Educar un grupo (no individualmente)
  • Compaginar conocimientos “educativos” con académicos

Por tanto, el terreno en el que trabaja el profesor, a priori, más complicado y menos efectivo.

 


Querer educar (sanamente)

 

Que un padre quiera educar bien a su hijo, caprichosamente, dependerá de la educación que haya recibido. Desgraciadamente hay demasiados casos en los que educar no es una prioridad. Muchos de los conflictos más importantes vienen por este motivo, el adulto rehúsa su responsabilidad en el proceso con unas consecuencias importantes:

  • El menor imita un "mal" modelo
  • La seguridad y afecto (autoestima, comportamiento, miedos...)
  • La despreocupación puede generar rechazo en otros educadores (familia o colegio)

Un profesor educa quiera o no quiera. Puede darle más o menos peso en sus clases pero el estilo educativo, las formas, principios y valores estarán influyendo en la educación del menor.

Si no lo hace bien tendrá consecuencias en la vida del pequeño, pero salvo extremos, no será determinante.

En el caso de que la educación en casa sea "buena", en el peor de los casos el profesor se puede limitar a conocimientos académicos sin que ello repercuta en la salud y bienestar del niño.

 

Se podría resumir en que los padres tienen mayor peso y facilidades que los profesores. En los primeros, su trabajo es necesario y en la mayoría de casos suficiente para crear una buena base. Los profesores pueden limitarse a conocimientos académicos aunque estarán trasmitiendo valores de forma indirecta. Puntualizar que su labor compensatoria puede ser clave.

 


Saber educar (sanamente)

Dejando un lado las circunstancias vitales de cada uno por ser algo que se escapa del objetivo del texto, vamos a analizar los conocimientos y habilidades.

 

Los conocimientos educativos madres y padres no están controlados ni valorados. Los de los profesores, además de no tener el control que tiene en el resto de Europa o EEUU, no están adaptados a la realidad de las aulas.

 

Por un lado el profesorado recibe una formación y prestigio debajo de lo que sería recomendable y útil. Los contenidos adquiridos en magisterio, a pesar del volumen, dejan mucho que desear respecto a la realidad que se va a encontrar un profesor en el aula. Procesos de aprendizaje, oratoria, gestión del estrés o habilidades sociales pueden ser algunos ejemplos de temas que apenas se trabajan y que serán determinantes para la eficacia y motivación del profesor.

 

Por otro lado, madres y padres se aventuran al proceso educativo con ilusión y ganas pero con una formación, a priori, muy escasa. Si nos ponemos drásticos podríamos afirmar que cualquier persona fértil puede tener un hijo y criarlo con la mejor intención. Sin conocimientos educativos nos encontramos con la esperanza de un buen hacer y responsabilidad por parte de los padres que en ningún caso es garantía de nada.

 

Aclarar que muchas veces las granas de hacerlo bien ayudan a que la persona responsable se preocupe por adquirir esos conocimientos que le serán útiles. Mi pregunta es: ¿Acaso no es algo suficientemente importante como para que no haya mecanismos para garantizar esta formación? Y me respondo: seguramente no interese a los que mandan.

 


Figuras compensatorias

El  sistema plantea una figura importante en el proceso: orientador del centro educativo (o equipo de orientación). Estos profesionales dependen, básicamente, de sus ganas de hacerlo bien y de si su carga laboral les permite hacerlo. Una figura con una importancia vital pero que no se le exige, a priori, resultados de ningún tipo. No digo que hagan mal su trabajo, hay de todo como en todas las profesiones, más bien diría que ostentan una posición privilegiada en la que cuando pueden y quieren son extremadamente efectivos.

 

Fuera de la educación reglada nos encontramos con algunos organismos independientes fundamentales: asociaciones de madres y padres. Estos admirables grupos de educadores sí fomentan la información en el sector educativo pero con las facilidades justas y grandes dosis de buenas intenciones.

 

En resumen, un sistema educativo insuficiente e incoherente con la naturaleza humana que es compensado por personas a través de su buen hacer profesional o dedicándole tiempo. Esta encomiable labor de personas comprometidas (padres, profesores, orientadores, psicólogos...) hacen que el sistema mantenga los niveles de calidad.

 

Gracias a todas esas personas.

 

Daniel Novoa

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